El Perú cuenta con más de 6 millones de Mipymes, sin embargo, millones de emprendedores peruanos aún no se reconocen como los empresarios que son. Esa es una de las principales conclusiones que comparte Rolando Arellano, referente del marketing peruano y autor de más de 12 libros y 400 artículos, en el reciente episodio del podcast Diálogos con Stakeholders, conducido por Carla Pareja y Juan José Román, gerente de proyectos de Aprenda, empresa peruana líder en el desarrollo de emprendedores.
¿Emprendedor o empresario? Los dos
Uno de los primeros puntos que aborda Arellano es la distinción —muchas veces confusa— entre «emprendedor» y «empresario». Para el experto, separar ambos términos no es útil y puede resultar perjudicial, pues se ha instalado la idea de que el emprendedor es el pequeño y el empresario es el grande. Su postura es clara: «El ser grande o el pequeño no necesita una separación lingüística. Los dos son empresarios, solamente que unos son chicos y otros grandes, y crecerán».
Esta confusión también explica por qué muchos peruanos no se reconocen como parte del sector empresarial. Según sus investigaciones, para la mayoría de peruanos el «empresario» debe tener al menos dos locales y todos sus registros formales, una definición que excluye a la gran mayoría de negocios del país.
El boom emprendedor que transformó al Perú
Entre 2004 y 2014, la pobreza en el Perú cayó cerca de 40 puntos porcentuales —de 60% a 20%—, un periodo que coincidió con una explosión en la creación de empresas: de menos de un millón a más de 3,2 millones de unidades registradas. Para Arellano, no es casualidad.
«El crecimiento del país y la disminución de la pobreza se dio en gran parte porque la gente empezó a crear sus propias empresas y sus propias fuentes de ingreso», sostiene. El motor detrás fue la migración interna: millones de familias se asentaron en las periferias de las ciudades y encontraron mercados desatendidos por las grandes empresas de la época. Ellos mismos se crearon las oportunidades.
La informalidad: una carpa, no una casa
Lejos de ver la informalidad como un problema irremediable, Arellano propone entenderla en su contexto histórico: «La informalidad fue esa carpa que nos cobijó cuando venía la tormenta. El problema es que cuando la tormenta ya pasó y quiero construir un segundo piso, ya no puedo. Las bases no son sólidas».
El experto señala que el verdadero desafío no es «acabar con la informalidad», sino hacer que la formalidad resulte atractiva. Hoy, el sistema genera incentivos que desincentivan el crecimiento: una empresa pequeña paga 15% de impuestos, pero si crece, ese porcentaje sube al 30%. «Lo normal sería al revés: si creces, te bajo el impuesto. Te ayudo porque creces, no porque eres chiquito», afirma.
El rol de las grandes empresas: de clientes a socios
Arellano destaca que las grandes y pequeñas empresas están más integradas de lo que parece, y que las segundas representan una oportunidad estratégica para las primeras. Sin embargo, pocas las tratan como verdaderos socios: «Si yo hiciera que los 400,000 bodegueros del Perú prefieran vender mis galletas, tendría una capacidad de crecimiento inmensa». Y el beneficio es mutuo, pues esas mismas familias también son consumidores: «Si tienen mejores ingresos, van a consumir más. Todos ganamos».
Tres claves para seguir creciendo
Al cierre de la conversación, Arellano resume lo que considera esencial para impulsar el ecosistema emprendedor peruano:
- Creer en nosotros. Reconocer que somos un país con una densidad empresarial sin igual en el mundo y empezar a visibilizar y celebrar lo positivo que genera ese espíritu.
- Pensar fuera de la caja. Empresas y Estado deben diseñar soluciones adaptadas a la realidad de las mayorías, no a partir de lo que les resulta conveniente a ellos mismos. Arellano pone como ejemplo el caso de Yape: su éxito radicó en que sus creadores decidieron pensar como los pequeños y preguntarse por qué la gente no usaba más la banca electrónica. La respuesta fue simple: el sistema les exigía tener tarjeta de crédito, y la mayoría no la tenía. Al eliminar esa barrera, lograron llegar a una mayoría que el sistema tradicional ignoraba.
- Vernos como iguales. Las grandes empresas deben reconocer a las micro y pequeñas como lo que son: empresas en proceso de crecimiento. «Un elefante chiquito no es un ratón, es un elefante chiquito al que hay que hacer crecer»






